Prólogo 

La idea de escribir relatos con cien palabras me fue sugerida por mi hijo Héctor (Hetu).
Confieso que al principio me resultó extravagante.
¿Por qué limitarme a ese número cuando el argumento reclamaba más y la imaginación quería discurrir libremente?
Después advertí que estaba sometido a las reglas de la lógica y el lenguaje.
Que cada palabra tenía ya prefijados cierto contenido, cierto número de letras, cierta fonética.
Y que me encontraba todo el tiempo ceñido a ellas, casi sin darme cuenta.
Y así, vencido, escribí cada relato con sólo cien palabras.
Tantas como las que tiene este humilde prólogo.