Plegaria, casi un lamento

Señor:
cómo podría
encontrar mi tierra
por cuáles caminos.

Voces
que se fueron
me llaman
sin decirme adónde.

Me acosan todos los miedos
y todos los cansancios.

Me escondo
de mi mismo.

Arrepentido
quisiera destruir
mis poemas,

borrarlos.

Volver
a ese momento inasible
del silencio
que fue
antes de la palabra.

Señor:
No tengo más morada
que mi propia soledad.

He malgastado mi vida
confundido sus senderos

y si alguna vez he amado
también ese amor se me ha perdido.

Señor:
Ya nadie puede
aliviarme
en la muerte.

Sólo tu piedad.

Y tu piedad no viene.
Señor.

Sólo una leve luz

En la mañana
mientras dormías
se filtró por tu ventana
una leve luz.

Un hálito tibio
disipaba las nubes
envolvía tu sueño.

Esta mañana
el reflejo del sol
inundó tu cara

te besaba
besaba tu cintura.

A tu lado
sin atreverme
siquiera
a mirar tu cuerpo

humildemente

temiendo todavía
la intensa negrura de tu pelo
te pregunté

si
podría ser
así
para siempre.