El partido de futbol


 “... No es que el fútbol sea nuestra vida...
pero de algún modo resume nuestra vida...
alumnos... hoy es un día de tristeza...”

Luis Bucci, su última clase de matemáticas.
5to año, San Gerónimo.

I

-Aquí Radio Fénix.

-Es para preguntarles cuándo van a decir algo sobre la bandera que preparamos en la escuela. Cubre toda la tribuna. Es la más grande que haya hecho en el pueblo.

-Si, ayer el Director nos habló. Enseguida le digo cuándo sale al aire la noticia. Aguarde en línea, o en todo caso, llame otra vez en cinco minutos.

Desde la madrugada habíamos estado escuchando, prendidos al receptor, pero la información no se pasaba nunca.

-Para mí que los locos de Santa Gertrudis les pagaron.

-Estuvimos más de dos semanas haciéndola. Cómo no van a dar la noticia.

Pero la radio seguía hablando siempre del partido de fútbol, pero sin decir nada de nuestra bandera.

-¿Me escucha Tito en estudios centrales?

Era la voz de Mauricio, el otro locutor.

-Lo llamo desde el hotel, donde se aloja el equipo de la vecina localidad de Santa Gertrudis.

-¿Cómo van las cosas por allí?

-Es el mismo clima de ansiedad de todo el pueblo. El comedor, donde se espera a los muchachos con el desayuno ya servido, está lleno de curiosos. Además de periodistas, por supuesto.

-Cuénteme quién es el primero en llegar.

-Bueno son dos. Aquí aparecen el arquero Fábregas y el número nuevo, el goleador Arturi.

-Podremos escucharlos antes de que se sienten a la mesa.

-Estoy tratando de acercarme, pero no es fácil. A ver, aquí lo tengo cerca de uno de ellos... Arturi, por favor, un saludo para la audiencia de Radio Fénix.

-Buenos días. Buenos días a todos.

-¿Qué tal lo han recibido en nuestra ciudad?

-La verdad que muy bien. El Intendente en persona vino anoche al hotel a saludarnos. Y mucha gente se acercó ( y se sigue acercando) para pedirnos autógrafos.

-Es para preguntarles cuándo van a decir algo sobre la bandera que preparamos en la Escuela. Cubre toda la tribuna. Es la más grande que haya hecho en el pueblo.

-Si, ayer el Director nos habló. Enseguida le digo cuándo sale al aire la noticia. Aguarde en línea, o en todo caso, llame otra vez en cinco minutos.

Desde la madrugada habíamos estado escuchando, prendidos al receptor, pero la información no se pasaba nunca.

-Para mí que los locos de Santa Gertruidis les pagaron.

-Estuvimos más de dos semanas haciéndola. Cómo no van a dar la noticia.

Pero la radio seguía hablando siempre del partido de fútbol, pero sin decir nada de nuestra bandera.

-¿Me escucha Tito en estudios centrales?

Era la voz de Mauricio, el otro locutor.

-Lo llamo desde el hotel, donde se aloja el equipo de la vecina localidad de Santa Gertrudis.

-Cómo van las cosas por allí?

-Es el mismo clima de ansiedad de todo el pueblo. El comedor, donde se espera a los muchachos con el desayuno ya servido, está lleno de curiosos. Además de periodistas, por supuesto.

-Cuénteme quién es el primero en llegar.

-Bueno son dos. Aquí aparecen el arquero Fábregas y el número nueve, el goleador Arturi.

-Podremos escucharlos antes de que se sienten a la mesa.

-Estoy tratando de acercarme, pero no es fácil. A ver, aquí lo tengo cerca de uno de ellos...Arturi, por favor, un saludo para la audiencia de Radio Fénix.

-Buenos días. Buenos días a todos.

-¿Qué tal lo han recibido en nuestra ciudad?

-La verdad que my bien. El intendente en persona vino anoche al Hotel a saludarnos. Y mucha gente se acercó (y se sigue acercando) para pedirnos autógrafos.

-Es que así tiene que ser, Arturi. Más allá de la tradicional rivalidad entre ambos equipos, el fútbol tiene que ser vivido como una fiesta.

-Esperamos brindarles un buen partido.

-¿Va a jugar adelantado?

-Eso tendrá que decidirlo el técnico.

-Piensa hacerle algún gol a Vázquez?

-Se lo tengo prometido desde el clásico anterior, cuando me atajó aquel penal.

-Mire que Vázquez dice que no le van a hacer ninguno...

-Eso se verá en la cancha.

-Muchas gracias, Arturi por sus palabras. La audiencia ha tenido la oportunidad de escuchar las palabras de uno de los principales protagonistas del encuentro de esta tarde. Me parece que ya no voy a poder hablar con ninguno más. Por lo menos por un rato, mientras desayunan. La transmisión vuelve a estudios centrales.

-Desde estudios centrales continúo, brindándoles a los oyentes de Radio Fénix las alternativas previas a este encuentro que tiene en vilo a todo San Gerónimo.

Nosotros seguíamos pegados al aparato de radio, esperando que dieran la noticia de nuestra bandera. Habíamos estado trabajando en ella diecisiete días (las dos últimas horas de clase se suspendían para ello) cosiendo paños y estirándola, mientras las chicas bordaban en figuras doradas el emblema de nuestra ciudad y el nombre de cada uno de los jugadores...

La noticia por fin llegó.

-¿Me escucha Tito? Entre las distintas manifestaciones de entusiasmo por este clásico que se avecina, tenemos que remarcar, muy especialmente, la bandera que con su esfuerzo y robando horas al estudio hicieron alumnas y alumnos del quinto año de nuestro Colegio Nacional. Una bandera de más de sesenta metros de largo por veinte de ancho que cubrirá toda la tribuna local y que bajo el cielo refulgente de la tarde de San Gerónimo servirá para que, al brillar sus colores por el sol, el aire mismo se adhiera y participe de esta hermosa fiesta popular...

Al escuchar por fin ese reconocimiento radial saltamos y gritamos todos de alegría.

II

Aunque el encuentro empezaba recién a las cuatro de la tarde, ya a las doce prácticamente todo el pueblo estaba movilizado rumbo hacia la cancha.

Ese día el almuerzo en cada casa se había servido más temprano y muchos llevaban viandas para comer antes del partido.

Nosotros, los de quinto año, nos habíamos reunido en la puerta del colegio nacional para ir juntos, llevando la bandera.

El traslado no fue del todo fácil, pero sí muy divertido. La doblamos de modo de llevarla varios de nosotros sobre las cabezas, en fila india, mientras el resto del grupo bailaba alrededor, cantando canciones alusivas al partido que allí mismo inventábamos.

Algunos rezagados, que todavía estaban en sus casas, salían al jardín para mirarnos y aplaudirnos.

-San Gerónimo, San Gerónimo. ¡ Campeón de campeones... !¡...Fuerza...!

El Gran estadio Unico de Fútbol (como grandilocuentemente lo llamábamos) quedaba al comienzo del pueblo, cruzando la estación de ferrocarril. Apenas traspuestas las vías empezaba una calle de tierra bordeada por álamos, que alguna vez había sido el casco de la vieja estancia Santa Gertrudis.

Tres cuadras después estaban las puertas de ingreso, que franqueaban un alambrado con ligustros.

Al borde de la cancha había dos grandes tribunas laterales, de hierro y madera, y dos más pequeñas detrás de los arcos adonde iban los viejos del pueblo, los socios vitalicios, casi siempre con alguno de sus nietos.

En uno de los costados también, sobre una torre paralela a la del molino de agua, se encontraba la cabina de transmisión de radio Fénix. Esta había sido la última construcción del estadio y en su momento había demandado una colecta, organizada por la Sociedad de Fomento.

Cuando llegamos a la cancha ya casi toda la tribuna local estaba llena, de modo que el despliegue de la bandera fue relativamente sencillo.

Mientras las chicas corrían llevando uno de los bordes hasta el final de la tribuna, nosotros nos quedábamos manteniendo el otro borde en el otro extremo. Después la misma gente la fue corriendo hacia arriba y en unos pocos minutos ya todas las tribunas estaban embanderadas y todas las cabezas cubiertas.

Desde arriba volvían a enrollarla y a desplegarla y así la bandera subía y bajaba.

-Es un espectáculo maravilloso ¿verdad Tito? Decía Mauricio desde la cabina. Un espectáculo de luz y de color en el que cientos de manos se juntan para desplegar y recoger esta enseña maravillosa que resume las esperanzas que en este partido tiene depositada la parcialidad de San Gerónimo. Gracias muchachos, gracias alumnos del quinto año de nuestro ilustre Colegio Nacional. Gracias, muchas gracias, por este inolvidable regalo que quedará para siempre grabado en nuestra memoria...

Luego de unos minutos dejamos la bandera al pie de la tribuna.

-Cada gol de nuestro equipo la volvemos a desplegar, prometimos.

Hacia las tres de la tarde llegó la hinchada contraria.

III

-Tito, este es uno de los momentos acaso más importantes de nuestra fiesta...

... La parcialidad visitante, la gente, por qué no decirlo, el pueblo entero de Santa Gertrudis, portando sus estandartes y haciendo sonar esos instrumentos sonoros que desde siempre acompañan a cada manifestación de su escuadra partidaria, hace su aparición por la puerta central de este Gran Estadio Unico de Fútbol rumbo a la tribuna del sector oeste...

...la tribuna que los espera  y los aguarda para recibirlos en un gran abrazo y decirles: amigos, bienvenidos a San Gerónimo, bienvenidos a esta casa del deporte, bienvenidos al clásico de todos los clásicos, que en esta tarde maravillosa de júbilo y de sol disputarán estos dos viejos y queridos rivales...

...Santa Gertrudis y San Gerónimo, glorias inmarcesibles  de nuestro fútbol, campeones de este deporte de campeones, que estremece el alma de todos, preparados para recibir dentro de pocos minutos el impacto indestructible de la emoción que estos veintidós hombres de fútbol. Hombres que, dando todo de sí, harán de éste campo un lugar sacrosanto de hermandad en la lucha. Pasión por el deporte que anida en nuestros corazones y que hace que San Gerónimo sea hoy una ciudad engalanada de fiesta...

Y mientras Mauricio desde Radio Fénix continuaba delirando, las hinchadas crecían en el fervor de sus cánticos, como un delirio más.

San Gerónimo y Santa Gertrudis, Santa Gertrudis y San Gerónimo, eran nombres que se gritaban y mezclaban, con todas las voces, desde todos los lugares, en rimas que exaltaban la gloria de cada equipo.
Se los oía desde cada lugar.

Y las matracas y bombos y los instrumentos de viento que habían sonar los del equipo contrario y nuestra bandera gigante (que había vuelto a subir y a bajar por la tribuna) anunciaban con fervor el próximo comienzo del partido.

Faltando una hora todavía, los altavoces del estadio empezaron a funcionar.

Irradiaban tangos y marchas patrióticas, mezclados con propaganda de los comercios del pueblo.

En cierto momento, la transmisión de Radio Fénix se les unió. Fue allí la voz de Mauricio  que anunció la inminente apareció de cada equipo.

-Señoras y señores, dijo. El momento culminante de nuestra tarde se acerca. A este Gran Estadio Unico de Fútbol, engalanado por las divisas partidarias, llegan ya los protagonistas principales del evento que nos tiene congregados...

...Presiden el acto los señores Intendentes Municipales de nuestras dos ciudades. Los señores Concejales. Consejeros escolares, autoridades policiales, el Jefe de Bomberos y el señor Cura párroco de la diócesis...

...y ante  tan importantes presencias se acercan ya, llegan...

....están con nosotros...

...los veintidós jugadores que protagonizarán est encuentro maravilloso, esta fiesta del deporte, este desafío entre nuestras dos ciudades.

...aquí están.

Y mientras las tribunas desbordaban en aplausos y gritos, los fue nombrando uno a uno, incluyendo sus apodos, describiendo sus rasgos...

...Fábregas... el alto... El golero impermeable... el que sabe adelantarse al rival... ganarle en el cuerpo a cuerpo... aquel a quien llaman el arquero invencible...

...Y que bien... porque lo es...

...Tanto como Vázquez...

...en el arco de San Gerónimo...

...Vázquez... el gato Vázquez por su saltar felino...

...el que en el último clásico le atajó un penal a Arturi...

...tirándose hacia la derecha...

....cuando todos creían que el disparo saldría hacia la izquierda...

Si, señores... Vázquez...

...los jugadores siguen entrando a la cancha...

...allí lo veo a Arturi...

...el goleador de Santa Gertrudis...

...el gigante Arturi...

...pierna derecha notable cuando patea...

...juró vengarse de aquél penal atajado...

Y mientras Mauricio continuaba su incansable perorata, los jugadores entraban a la cancha y saludaban con los brazos en alto.

Desde las tribunas  los ovacionaban.

IV

Estuvieron todavía haciendo ejercicios en el campo.

Estiraban las piernas, daban saltos, o pateaban la pelota hacia el arco.

Algunos conversaban entre sí. O posaban para nuestro diario local, La Voz de San Gerónimo, ante Paco, el fotógrafo, quien se esmeraba en hacer temas desde los ángulos más inverosímiles.

Cuando llegó el referí todos sentimos ese raro escozor, esa inquietud tan extraña que se siente a nivel del estómago, cuando un partido está por comenzar.

Desde los altoparlantes, que seguían transmitiendo con la radio, se escuchó la voz de Mauricio.

-Señores y señoras, ahora sí: ¡ ...el partido va a comenzar...!

-Si...ya comienza

...la pelota en medio del campo de juego...

...los jugadores en sus puestos...

...el referí consulta su cronómetro...

...controla que los árbitros de línea estén en sus lugares reglamentarios...

..levanta su brazo derecho...

...la pelota en medio del campo de juego...

...los jugadores en sus puestos...

...el referí consulta su cronómetro...

...controla que los árbitros de línea estén en sus lugares reglamentarios...

...levanta su brazo derecho...

...se queda unos instantes quieto...

...si...ya comienza...

...los jugadores en sus puestos...

...el referí consulta su cronómetro...

...ya comienza...

Cuando empezó a decirlo por tercera vez me di cuenta (nos dimos cuenta todos) que algo raro pasaba.

Los hinchas en las últimas tribunas no cesaban en sus voces.

Pero era como si cantasen de un modo diferente.

Aún en el bullicio.

De un modo cuidadoso, precavido.

Como si temiesen algo.

Nuestra bandera, dejó de subir y de bajar. Se quedó enrollada en el piso.

-¿Me escucha Tito?

La voz de Mauricio había cambiado. Se había vuelto grave, opaca.

-El referí levanta los brazos... lama a los árbitros de línea...

-Tito, por favor...¿me escucha?

Este último clamor sonó desesperado.

-...consulta su cronómetro...

Un inmenso silencio cubrió toda la cancha.

-Tito por favor, dígame si me escucha...

Unos hombre de traje gris cruzaron la cancha y se acercaron para hablar con el referí.

Traían un papel.

El referí lo leyó.

Llamó a los capitanes de los dos equipos. También a los árbitros de línea.

Los dos intendentes municipales  y los concejales, comprendiendo que algo grave pasaba, acompañados por el comisario, el jefe de bomberos y el cura párroco, dejaron sus asientos en el sector oficial de la tribuna local y entraron a la cancha.

Los jugadores permanecían inmóviles.

Ni un canto, ni un grito.

Ya ni la voz de Mauricio se escuchaba.

La euforia había  concluido así, súbitamente.

El referí ya no consultaba su cronómetro. En torno a él todos conversaban, con muestras de una gran preocupación.

Y de pronto la noticia. La increíble, la trágica, la desesperante.

La habíamos intuido. En el fondo de nuestros corazones antes que nadie la anunciara la habíamos intuido.

La sabíamos.

Era como si alguien misterioso, desde el más allá, nos la hubiese revelado.

Aquello que no hubiese tenido jamás que suceder pero que, inexorablemente, había sucedido.

Fue Mauricio, desde los altoparlantes, unidos a la radio, quien la dio.

Quien la anunció. Quien la confirmó.

Con voz extenuada. Vacilante, lenta. Como todo aquel que hace saber algo malo y no sabe bien cómo decirlo.

-Señores...

-Señores...

En el silencio de la cancha el eco resonaba como nunca.

...señores y señoras...

...debo decirles...

....informarles...

...la Dirección Nacional del Fútbol...

...(que como ustedes saber... regula todo lo que tiene que ver con este deporte)...

...bueno, la Dirección Nacional...

...la del fútbol...

...nos acaba de enviar una nota... nos dice...

...que por resolución 336... a partir de hoy...

...de modo total... definitivo...

...ha sido suprimido el gol...

...el gol...

...el gol...

...el gol en todos los partidos de fútbol...

...el gol...

...nunca más...

....para siempre...

...ha sido suprimido.

Hubo una pausa.

Larga, larguísima.

Y luego:

-No es que no se vaya a jugar más al fútbol. No... al fútbol se seguirá jugando... aquí y en todas partes...

Sólo que sin gol...

...el gol...

...el gol...

...es lo que ha quedado suprimido...

Y luego, aclarando, como ante el temor de no haber sido entendido:

...el fútbol continúa...

...el gol es el que ha sido derogado...

abolido...

...de todos los partidos...

...que de ahora en más se jueguen...

Quienes lo conocíamos, por escucharlo diariamente desde Radio Fénix, nos dimos cuenta de que estaba totalmente destruido.

Trataba de afirmar la vez, pero en el tono y en la modulación de las palabras se advertía su desesperanza.

...si, no hay más gol...

...no...

...no hay más.

Se quedó un rato en silencio.

Y luego, como buscando algo a qué aferrarse:

...señores...

...por favor...

...señor referí...

...ordene que el partido comience...

...desde los micrófonos de Radio Fénix...

...aquí...

...junto a Tito...

...lo voy a relatar...

V

El referí, despejada la cancha, hizo por fin sonar su silbato.

El centrodelantero de nuestro equipo pasó la pelota al mediocampista y éste al lateral izquierdo.

Era una jugada estudiada, preparada desde había meses, para desconcertar a la defensa visitante. Una jugada de pizarrón, como decían los entendidos.

El lateral izquierdo se tiró hacia atrás, amagó correr por el costado de la cancha, pero deteniéndose de pronto, hizo centro.

El arquero de Santa Gertrudis se adelantó tratando de obstruir la jugada.

Pero Gioja, bien colocado, con un excelente cabezazo, hizo que la pelota traspusiese el arco y se hundiese en la red, cuando todavía no se había cumplido el primer minuto de juego.

La ovación en nuestra tribuna fue inmensa. Saltábamos, abrazándonos. ¡ San Gerónimo...! gritábamos. La bandera volvió a subir y a bajar, vertiginosa.

Pero fueron apenas unos segundos. Un instante nada más.

El referí corrió hacia el arco y ordenó que el partido siguiente desde allí.

-Es que no hay gol, recordó Mauricio por la radio.

-No hay gol. No hay más gol.

El partido continuaba, cero a cero.

El siguiente avance, también muy rápido y estudiado, fue de Santa Gertrudis.

Aprovechando una increíble distracción de nuestros jugadores, Arturi, el increíble Arturi, el más hábil de sus delanteros, avanzó a toda velocidad, desplazó a dos defensores y desde casi veinte metros hizo un disparo tremendo hacia el costado derecho del arco.

Vázquez saltó, estirándose como un gato, pero no pudo impedir que la pelota entrara en el arco.

-Gool... Goooool de Santa Gertrudis... gritó desde la radio Mauricio.

-Gooool...

Pero fue sin tomar conciencia de lo que decía.

Apenas vio al referí indicando que la siguiente jugada comenzaría en el arco, comprendió su error.

-...Perdón... atinó a decir...

...les pido perdón...

...no, gol no...

...todo continúa cero a cero...

...no hay más gol...

VII

El partido siguió, pero cada vez con menos entusiasmo.

A medida que avanzaban los minutos las jugadas iban haciéndose lentas, imprecisas.

Los jugadores estaban desconcertados. Armar un avance, gambetear al adversario, eran esfuerzos inútiles.

Hasta cometer una infracción se había vuelto carente de sentido.

La pelota rodaba de un lado al otro de la cancha, pateada sin destino cierto. Nadie corría por ella y a veces permanecía un rato largo quieta en algún lugar de la cancha, ante la mirada indiferente de todos.

El resultado era el inicial y no podía modificarse: cero a cero.

En las tribunas  el tedio aumentaba.

La gente estaba tan desconcertada como lo jugadores. Nadie sabía que hacer.

No había razón alguna para aplaudir. Ni para enojarse.

De modo que cuando algunos empezaron a retirarse no nos asombró demasiado.

Primero fueron los más viejos y las familias con chicos. Luego todos, ya sin distinción de edad.

Antes del final del primer tiempo la cancha estaba prácticamente vacía y Radio Fénix había dejado de transmitir.

Nosotros fuimos los últimos en irnos. Dejamos la bandera, que había caído arrugada en un costado. No la quisimos levantar.

Nunca supe a ciencia cierta si el partido llegó a terminar. Creo que hacia la mitad del segundo tiempo los jugadores se fueron ellos también, conversando con el referí.

VIII

Si el regreso a casa fue tristísimo, el día siguiente fue todavía peor.

En la escuela nadie atinaba a decir nada. Hasta Villar, bromista siempre, se había quedado en silencio, sentado en un rincón de la escalera, tomándose con las manos la cabeza.

Cuando sonó el timbre entramos al aula, pero de la clase de historia nadie escuchó nada. Con la de geografía pasó lo mismo.

No podíamos sacarnos de la cabeza el frustrado partido y ese tema de la abolición del gol que no conseguíamos entender.

Recién a media mañana, cuando vino Bucci, conseguimos prestar atención.

Era nuestro profesor de matemática, nuestro mejor profesor, el que nos entendía.

El más querido y admirado por todos.

-Alumnos...

Con esa palabra empezaba cada clase. En un tono solemne, que mantenía mientras abría su portafolio negro y sacaba las listas.

Después empezaban las bromas, que nos hacían reír. Y después los logaritmos y fórmulas, sobre el pizarrón.

Pero esa vez, apenas empezó a hablar, nos dimos cuenta que algo había cambiado.

-Alumnos...

...ustedes saben con cuanto amor los he acompañado todo este tiempo...

...tratándoles de enseñar las pocas cosas que sé...

...pero ayer... con lo que pasó... por primera vez me he sentido desorientado...

...sin poder atinar una respuesta...

...como si e golpe hubiese envejecido...

...ayer... nos quitaron el gol...

...fue el golpe total, final...

...No es que el fútbol sea nuestra vida... pero de algún modo resume nuestra vida... alumnos... hoy es un día de tristeza...

...¿Qué puede ser el fútbol sin gol? ¿Y nuestra vida...? ¿qué puede ser nuestra vida sin gol...?

...no voy a seguir más...

...esta es mi última clase...

y se largó a llorar.

IX

-¿Por un partido de fútbol?

-Lo que pasa es que Bucci tenía razón...

-¿En su última clase...?

-Sugirió todo, tan claramente...

...ayer... nos quitaron el gol...

...fue el golpe final, total...

-¿Pero no se podían reponer?

-Es que el gol sintetizaba todo. Nuestra vida...

...nuestros ideales...

...y lo cierto es que habíamos desembocado en una realidad sin gol...

...un inmenso partido de fútbol en el cual nadie sabía para qué jugaba...

...Vivíamos, nada más...

...como la pelota aquella tarde...

...corríamos de un lado a otro sin destino.

-El partido...

-Nos mostró en letras grandes muestra propia vida...

-¿Qué pasó después en el pueblo, con la gente?

-Al principio algunos reaccionaron. Hicieron un petitorio ante la Dirección Nacional de Fútbol... para que revisara la medida... Hubo también marchas callejeras... protestas... y artículos periodísticos...

...pero nada sirvió... todo fue inútil...

...con el tiempo, ya cansada, la gente se fue alejando del pueblo, buscando otros lugares en donde vivir...

...lugares en los que el gol todavía existiera...

...No sé cómo les habrá ido. Nadie escribió ni volvió para contarlo...

...lo que en cambio sé es que quienes nos quedamos aquí la pasamos muy mal...

Usted ve, el pueblo fue muriendo, la escuela cerró, las casas abandonadas se volvieron escombros... Un día hasta el tren dejó de llegar...

...Santa Gertrudis, San Gerónimo... pueblos olvidados...

Aquel partido de fútbol fue el anuncio de nuestro final.