Este silencio nuestro

Este silencio nuestro
que vos y yo guardamos,
esta estar cara a cara
y fingirnos extraños.

Este silencio ambiguo
de saludos forzados
de sonrisas medidas
y de un usted fraguado.

Este silencio cómplice
ansioso, desgarrado,
que se encierra a sí mismo
con un fuerte candado.

A veces se me escapa
en la piel o en los labios
en un susurro tenue
o en un mirarte amando.

Y entonces como un grito
rebelde, azul, extraño
deshaciendo vigilias
rompiendo desencantos.

Se cruza por tu frente
se mezcla en tu peinado
y te despeina toda
por nombrarte besando.

Este silencio nuestro
álgido, desvelado.
mis labios en silencio
tu corazón llorando.


A orillas de este río y de la tarde

A orillas de este río y de la tarde
solíamos quedarnos
acongojados en nuestro amor imposible
para sentir sobre nosotros todo el dolor de la tierra.

A veces, también para llorar.

A orillas de este río
ella se aferraba a mis manos
presas por infinitas cadenas:
quería ocultarlas en las matas de su pelo
quería trastornar la tiniebla de mis pasos.

Como la tierra sedienta
añorábamos
los días antiguos en los que la libertad era el viento
o el rodar de la lluvia, simplemente:
y el amor no conocía otra frontera que la de su propio ser.

A orillas de este río
afligidos
por las horas que nos acercaban sin llegarnos a unir
que nos embriagaban sin hacernos cantar
que nos hundían en parajes estériles
hechos nada más que de sombras
ella y yo construimos
con palabras de lástima y con silencios de miedo
oraciones de misterio.

Y fuimos ajenos a la piedad de Dios:
fugitivos, ocultos
peregrinos en comarcas extrañas.

A orillas de este río y de la tarde
aún así, nos amábamos.