Comienzo de la pubertad

Y la fiesta surgía
en ese atardecer
como una rara luz
ya cercana la noche.

Las muchachas saltaban
las baldosas,
cantando.

Un farol enhiesto,
largamente grisáceo
era la piedra libre.

Y en el aire aferraba
más cálido que nunca

Un San Juan que fingía
las ondas del verano
por las calles de Banfield.

Jugábamos corríamos
agitados, ansiosos.
llamándonos a gritos
por los falsos apodos.

Y, una a una, crecían
las azules estrellas
que la noche allegaba.

Y de pronto

ese olor de su pelo
mezclado en el crepúsculo
curvado hasta los hombros.

Ese olor generoso
igual que los jazmines
blancos de la primavera
cayendo en su camisa.

Me nombró por mi nombre.

Notamos asustados
nuestra propia presencia.

Y con una frágil rebeldía
resistimos
la voz de la madre, que nos llamaba a casa.

Al tiempo de volver
como desde un abismo
ella me miró
con un inigualable secreto.

Sobre tejados y veredas

Sobre tejados y veredas
y pinos que levantan
sus ramas hacia el cielo

Busco tu casa
perdido en la febril
fatiga de los años

Y una turbada intensidad de sueños
me lleva hasta tus ojos
que ya no miro más.

Nada ha quedado de ti:
sólo esta noche
Que deshacen corolas

y la muerte
que tarda.