Soledad del poeta

I

-Mira las estrellas reflejándose en el río, le dije:
pero el viento del norte agitó las aguas y las disipó.

-Mira cómo se recortan las ramas de los pinos en la noche:
pero las ramas se movían y se quebraban y se hundían en las tinieblas.

-Mira mis ojos, le supliqué entonces:
pero mis ojos eran chatos, y feos, y turbios de greda,
greda negra, brotando, revolviéndose, greda circular y húmeda.

Los cubrí violento con mis manos,
Y lloré, lloré solo,
abrazado a una raíz en la tierra.

II

Desde hace siglos
esta luz baja, noche a noche, hacia la tierra.

Desde hace siglos
estos grillos cantan junto al mismo río,
junto al mar yacen las mismas blancas piedras.

Desde hace siglos
la luna desmesura el camino de los álamos.

Fue preciso así un tiempo tan largo
pastos que pisaran hombres ya lejanos
árboles y sombras que guardaran sobre sí el infinito
sólo para que una noche,
la única, la última, la desesperada noche
de aquel verano triste
mis palabras se perdieran
llamándote.

Para que tu pelo negro rodara tras el viento
para que te fueras
sólo
para desesperarme.